La Gran Presa del Renacimiento Etíope y las guerras del agua en el siglo XXI

Alberto del Barrio | 15 Marzo 2021

En el año 2011 se inició el proyecto que daría lugar a la construcción de la Gran Presa del Renacimiento Etíope. El conflicto diplomático, que amenaza con una guerra abierta, originado por este proyecto, es el último de los numerosos conflictos que el control del agua ha originado a lo largo de la historia.

 

 

A lo largo de la historia el agua ha sido, obviamente, el recurso por excelencia más codiciado por las sociedades humanas. Ya las primeras poblaciones sedentarias tuvieron que enfrentarse a las problemáticas que suponía el consumo de agua para grandes concentraciones de población, así como para su uso en cultivos y ganado. Las sequías, la aridez del terreno o la pugna con otros asentamientos rivales, han propiciado que, con el paso del tiempo, se conjugasen creatividad, innovación y experiencia, legándonos un patrimonio arqueológico infinito en lo que se refiere a los usos del agua.

Así mismo, en la Península Ibérica, tenemos ejemplos magníficos de estos primeros asentamientos sedentarios, como el que es el yacimiento de La Motilla del Azuer, en el contexto del denominado bronce manchego. En este yacimiento de la provincia de Ciudad Real, se conserva una impresionante estructura hidráulica del segundo milenio antes de cristo. La perforación para buscar aguas subterráneas llega a los 16 metros de profundidad, lo que, junto con las estructuras defensivas que protegen este excelente recurso hídrico de forasteros, constituye un magnífico ejemplo de ingeniería humana para luchar contra las adversidades climatológicas.

 

 

 

 

Yacimiento de Motilla del Azuer. Fuente: turismo Castilla la Mancha.

 

En la actualidad, el agua continúa siendo un recurso clave y, si bien ya no se construyen murallas, no son pocos los conflictos que genera su explotación a nivel internacional. Uno de los casos más sonados recientemente ha sido la construcción de la denominada “Gran Presa del Renacimiento Etíope”.

 

La Presa del Renacimiento comenzó a construirse en el año 2011, en el cauce del conocido como Nilo Azul. Este nace en Etiopía, en el lago Tana, uniéndose al Nilo Blanco en la capital de Sudán, Jartum, para ya descender progresivamente hasta su desembocadura en el delta del Nilo en Egipto. Egipto apostó por controlar el cauce de este milenario río en los años sesenta, construyendo la presa de Asuán. Río arriba, ahora ha llegado el turno de Etiopía, lo que ha dinamitado las relaciones diplomáticas entre los países del Nilo.

 

Situación de la Gran Presa del Renacimiento Fuente: euractiv.com

 

 

 

 

 

 

Gran Presa del Renacimiento. Fuente: aljazeera

 

 

La construcción de la presa se inició con una mezcla entre inversión extranjera, principalmente de China, y de inversión nacional, mediante la venta de bonos y fondos privados. La constructora es italiana y, aún con cierto retraso, la presa, con capacidad de hasta 74.000 millones de metros cúbicos, comenzó a llenarse a mediados del año pasado. El faraónico proyecto aspira a nutrir de electricidad a gran parte del país, incluso venderla al extranjero, así como garantizar el suministro de agua para los cultivos de la zona, que continúan siendo el medio básico de subsistencia de gran parte de la población.  

Si bien las posibilidades que ofrece resultan alentadoras, las complicaciones aparecen cuando los países río abajo, Sudán y Egipto, han visto este proyecto como una amenaza directa para su población, al supeditar una parte importante de sus recursos hídricos a la voluntad etíope. Las negociaciones entre los tres países para llegar a una serie de acuerdos sobre el llenado y su explotación acabaron rompiéndose en verano del año pasado. Desde entonces, las acusaciones cruzadas han ido sucediéndose, amenazando incluso con una escalada militar.

 

Como ya dijese el expresidente de Egipto, Anwar el Sadat, tras firmar un acuerdo de paz con Israel en 1979 “Lo único que podría llevar a Egipto otra vez a la guerra es el agua”. Paralelamente a ello, la crisis de Tigray (Hipervínculo) ha incendiado los débiles puentes diplomáticos que había tendidos entre los gobiernos de Etiopía y Sudán, siendo frecuentes los enfrentamientos entre tropas fronterizas de ambos estados en la zona noroeste del país etíope.

Mientras el control del agua del Nilo amenaza con provocar una escalada militar a nivel internacional, los conflictos derivados de esta misma problemática se extienden por todo el mundo. Otro ejemplo particular es el plan hidrológico del gobierno chino para controlar los cauces que descienden del Tibet y que son fundamentales para la vida de millones de personas en el sureste asiático y la India. Un arma geopolítica a través de un recurso natural que, sin duda, determinará el futuro de las relaciones diplomáticas con el gigante asiático en esta zona.

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Como ya ocurría en el pasado, las guerras del futuro quizá se libren por el agua. La emergencia climática provocada por la acción del hombre pronto agudizará el problema, especialmente para la población más vulnerable. Según un estudio reciente de la revista “Nature el porcentaje de población expuesta a sequías extremas pasará del 3% de 1976, al 20%” a finales de siglo. Mientras, los estados, según sus propios intereses egoístas, continúan, y continuarán, rigiendo sobre el acceso a los recursos naturales que no pertenecen sino a toda la humanidad.

¿Dónde quedo aquello de “De cada cual según sus capacidades, a cada cual según sus necesidades”?

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