Un pueblo cerca de la extinción 
Conor Tyrrel | 27 Mayo 2021

Tíbet, o La Región Autónoma del Tíbet es una zona de China situada en lo alto del Himalaya que está rodeado por otras provincias de China como Qinghai y Sichuan, pero también comparte sus fronteras con Birmania, Nepal e India. El Tíbet ocupa más que 25% de todo el territorio de China y tiene el título de la nación más alta del planeta con una altitud de 4900 metros. 

Es una zona montañosa y un lugar escasamente poblado envuelto en el misterio y voces olvidadas. La gente de Tíbet es un grupo étnico único que ha visto a su país desgarrado por la violencia debido a un superpoder que quiere controlar no solo la región, sino también la cultura, la religión, y las vidas de sus habitantes. 

Hasta 1950 Tíbet permaneció relativamente aislado con el resto del mundo. El desarrollo económico era mínimo y las prácticas diplomáticas con otros países casi no existían. La vida para el pueblo tibetano iba a cambiar para siempre con la invasión de sus tierras por las fuerzas chinas en 1950. 

El nuevo régimen de China, la República Popular China, comprendió la importancia estratégica del Tíbet e invadió la región en 1950 bajo el gobierno de Mao Zedong. Ganar el control del Tibet no solo daría a China el acceso a una gran cantidad de recursos naturales como el oro, el cobre y el litio, sino también proporciona a China una defensa segura de su frontera suroeste con India y Nepal. Aparte de la importancia estratégica y la riqueza mineral de Tibet, China tenía otros motivos para lanzar la invasión.

 

Intentaron poner Tibet bajo el control total de China y eliminar la cultura, el idioma y la religión tibetanos. Esto ha traído muerte y destrucción al pueblo tibetano y a su forma de vida. Los tibetanos han sido masacrados, sus monasterios destruidos y su cultura encarcelada. 

Viviendo vidas encarceladas bajo el dominio Chino, un levantamiento ocurrió en 1959 donde  intentaron tomar el control de su propio país para el pueblo tibetano. La respuesta de China al levantamiento fue una represión brutal inmediata. Miles de personas fueron masacrados mientras China consolidaba su dominio sobre Tibet. Debido a la agresión, el gobernante del Tíbet, el Dalai Lama, escapó a través de las montañas a India para buscar refugio, donde vive todavía actualmente. Desde allí, creó un gobierno en el exilio con la idea de mantener la influencia en Tibet. Desde entonces, la violencia ha sido estructurada en el corazón de la vida cotidiana del pueblo tibetano. 

Tras el levantamiento,  el control de China sobre Tíbet aumentó un montón. Una vez aplastada la rebelión, Tíbet fue dividido y lo incorporó a las provincias de China. Una de ellas fue La Región Autónoma del Tíbet (TAR). A pesar de su nombre, el TAR no tiene nada que ver con la autonomía. China gobierna con un puno de hierro y limita el acceso al mundo exterior. Ningún diplomático, periodista, o turista puede entrar a Tibet. El país permanece extremadamente vigilado por China sin mucha información o actualizaciones desde adentro. 

Lo que ha pasado desde la ocupación en Tíbet ha sido descrito como un genocido cultural. Se ha convertido en una de las sociedades más cerradas del mundo y su gente es uno de los ciudadanos más reprimidos de cualquier nación. En un intento por aumentar el control sobre Tibet, China ha iniciado una campaña para librar al país de los valores tibetanos. Su religión, su lengua y su cultura están a punto de extinguirse.  

Enarbolar la bandera tibetana es un delito, los manifestantes han sido matado, y la tortura ha sido utilizado por las autoridades. Sin embargo, frente a la ocupación de su tierra, el pueblo tibetano ha seguido resistiendo al gobierno chino y desafiando la opresión. Guiado por su fe budista, han seguido organizando protestas en contra la destrucción de su cultura y manera de vivir. 

Más de 1 millón de tibetanos han muerto desde el principio del conflicto. Muchos murieron durante la ocupacion inicial, miles mas murieron de hambre y enfermedades, y mas debido a la tortura y la violecicia en las calles. Autoridades chinas han traído los granjeros tibetanos a las ciudades y pueblos para que su tierra sea libre para explotar. La gente del campo no tiene la capacidad de adaptarse a los lugares urbanos. No tienen las habilidades profesionales requeridas, y por lo tanto, viven en la pobreza y exclusión, mientras que sus tierras de cultivo han sido divididas entre los intereses chinos. 

En un intento por promover su influencia en Tibet, China ha emigrado miles de ciudadanos chinos a Tibet. El mandarin se ha convertido en el idioma oficial y los chinos étnicos se han convertido en el grupo etnico dominante en Tibet. 

Las protestas y manifestaciones han continuado a lo largo de los años. En 2008 hubo varias manifestaciones a través de Tíbet cuando China se estaba preparando para albergar los Juegos Olímpicos. En 2011 apareció un nuevo tipo de protesta. En contra del gobierno chino, un joven monje budista, Lobsang Phuntsog salió a la calle en la provincia de Sichuan, pidió el regreso del Dalai Lama al Tíbet, y encendió su cuerpo. Mientras que estaba quemando, el monje fue golpeado por la policía y murió en el hospital unas horas después. Este forma de protesta se llama una protesta por la autoinmolación y han sido más de 130 a través de Tíbet desde 2011. Monjes, profesores, estudiantes y niños han incinerado sus cuerpos en lo que el Dalai Lama ha descrito una forma de protesta sin violencia. “En lugar de usar explosivos o armas, sacrifican su propia vida por la causa de la libertad” explicó. 

Han pasado más de setenta años desde la invasión y ocupación del Tíbet, pero su pueblo sigue luchando para la libertada en contra del control chino. Sus protestas han sido recibidas con una represión brutal pero continúan con la lucha. Sus monasterios han sido quemados y su cultura destruida pero permanecen guiados por su fe budista. Van a continuar luchando por la independencia hasta que se obtenga o sean eliminados. 

Tibet, A People Nearing Extinction 

 

Tibet, or the Tibet Autonomous Region, is an area of China situated high in the Himalayas that is surrounded by other Chinese provinces like Qinghai and Sichuan, but also shares its borders with Burma, Nepal, and India. Tibet occupies over one quarter of China’s entire territory and holds the title of the highest nation on earth with an elevation of 4900m.

It is a mountainous and sparsely populated area shrouded in mystery and forgotten voices. The Tibet people are a unique ethno-cultural group that have seen their country torn apart through violence and bloodshed by those looking to gain control of not only the region, but the culture, religion, and lives of its inhabitants. 

Up to 1950 Tibet remained relatively isolated from the rest of the world. Economic development was minimal and diplomatic practices with other countries were almost nonexistent. Life for the Tibetan people was to change forever with the invasion of their lands by Chinese forces in 1950.

China’s new regime, the People’s Republic of China, understood the strategic importance of Tibet and invaded the region in early 1950 under the rule of Mao Zedong. Gaining control of Tibet would not only give China access to a wealth of natural resources (gold, copper, and lithium) but also would provide China with a secure defense of their south western border with India and Nepal. Apart from the strategic importance and mineral wealth of Tibet, China had other motives to launch the invasion. They sought to bring Tibet under full Chinese control and see an end to the Tibetan culture, language, and religion. This has brought death and destruction to the Tibetan people and their way of life. Tibetans have been slaughtered, their monasteries destroyed, and their culture imprisoned.

Living imprisoned lives under Chinese rule, an uprising occurred in 1959 which sought to bring Tibet back under control of its own people. China’s response to the uprising was immediate brutal repression. Thousands more were slaughtered as China solidified its rule over Tibet. The aggression saw the ruler of Tibet, the young Dali Lama, flee across the mountains to India to seek refuge. From there he later set up a government in exile in an attempt to maintain influence in Tibet and resides there to this day. Since then, violence has been structured into the heart of everyday life for Tibetan people.

Following the failed uprising, China’s grip on Tibet grew even tighter. Once the rebellion was crushed Tibet was divided up and incorporated into Chinese provinces. One of these was the Tibet Autonomous Region. Despite its name, the TAR is anything from autonomous. China rules with an iron fist and cuts off access to the outside world. No diplomats, journalists or tourists are permitted to enter Tibet. It remains closely guarded by China with very little footage or information coming from within.

What has happened since China’s occupation of Tibet has been described as a cultural genocide. It has become one of the most closed societies on earth and its people are some of the most repressed citizens of any nation. In a bid to increase Chinese control and autonomy over Tibet there has been an active campaign to rid the country of the Tibetan values. Their religion, their language and their culture are nearing extinction. Flying the Tibetan flag is a criminal offence, protestors are shot and killed, and torture is widely used by the authorities. But in the face of the occupation of their land, Tibetan people have continued to resist Chinese rule and defy the oppression.

 

They protest to resist the destruction of their culture and are guided by their Buddhist faith. 

Over 1 million Tibetans have died since the occupation started. Many died during the initial occupation, thousands more died from starvation and disease, and more from the torture and violence directed against them. Tibetan farmers are being removed from their lands and sent to live in urban environments. Here they do not possess required professional skills and are subjected to poverty and exclusion while their farmland is divided up amongst Chinese interests.

In a bid to further Chinese influence in Tibet, Chinese nationals have migrated to Tibet in the thousands. Mandarin has become the official language and ethnic Chinese have become the dominant people in Tibet.   

Protests and demonstrations have continued throughout the years. In 2008 there were huge protests across Tibet just as China was preparing to host the Olympic Games. In 2011 a new type of protest appeared. In protest of Chinese rule, a young Buddhist monk Lobsang Phuntsog stepped out into the street in the province of Sichuan, called for the return of the Dali Lama to Tibet and set his body alight.

 

While burning, the young monk was beaten by police but was pronounced dead hours later in hospital. Since this incident there have been over 130 more self-immolation protests across Tibet in defiance of China’s rule. Monks, teachers, students, and even children have set their bodies on fire in what the Dali Lama has described as a form of nonviolent protest. “Instead of using explosives they sacrifice their own life for their cause” he explained. 

Over seventy years have passed since the invasion and subsequent occupation of Tibet, but its people remain opposed to Chinese rule. Their protests have been met with brutal repression, but they continue none the less. Their monasteries have been destroyed and their culture hijacked, but they stay to be guided by their Buddhist faith. They will continue to fight for independence until it is obtained or they are wiped out. 

33201_med.jpg