“HAZ LO QUE YO DIGO, PERO NO LO QUE YO HAGO”
Aurélia Romme | 23 Marzo 2020

Desde finales de marzo, está en vigor en Francia el tercer confinamiento nacional con objeto de combatir la crisis del coronavirus.  Quien se ausente de su casa entre las 7 de la tarde y las 6 de la mañana sin una razón válida es probable que tenga que pagar una multa de 135 euros. Y si se repite, le costará aún más. Además, los restaurantes y cafeterías firman su quinto mes consecutivo de cierre.

Sin embargo, en el país de la "liberté, égalité et fraternité", parece que la libertad no se aplica de la misma manera, sino que se lleva a cabo según tu estatus social y tu estatus monetario. Así lo demuestran, algunos hechos que salieron a la luz la semana pasada, éstos hicieron mucho ruido en la opinión pública, se trata del descubrimiento de la organización de lujosas cenas secretas en París a pesar de las restricciones sanitarias. 

La polémica la desató una cámara oculta de un canal de televisión francés, en ella se escucha a un camarero decirle a un reportero (que se hace pasar por un cliente): "La gente que viene aquí no usa mascarillas, una vez que entras no hay más covid". 

¿Menús que cuestan hasta 490 euros mientras los estudiantes hacen colas interminables para comer? ¿El desprecio total de las instrucciones sanitarias mientras los franceses viven entre el confinamiento y el desconfinamiento desde hace más de un año? Todos los ingredientes necesarios están sobre la mesa para el comienzo de una ola de protestas y una verdadera revuelta popular para denunciar un asunto que va más allá de la pandemia o del COVID, se trata de algo mucho más profundo: los privilegios y las desigualdades entre clases.  

Pero, como todo el mundo sabe, Francia odia los privilegios. Una revolución, y una noche, la del 4 de agosto de 1789, han pasado. El lujo y la exclusividad de estas comidas recuerdan la época de los privilegios aristocráticos cuando el pueblo sufría hambre en las calles de la moderna París. La única diferencia a día de hoy y por lo que la mecha se ha prendido, es que esta nueva nobleza republicana, está representada por... los ministros. Los mismos que privan a los franceses de llevar a cabo una vida normal disfrutarían de este tipo de ventajas sociales. Entonces, ¿cómo podemos aceptar que los promulgadores y responsables de hacer respetar la ley se vean exentos de ella?

Tras la polémica suscitada, el organizador de una de estas veladas gastronómicas (que finalmente admitió ser el autor del anónimo testimonio), Jean-Pierre Chalençon, coleccionista cercano a numerosas personalidades, el cual había acusado a los ministros de acudir a cenas ilegales se ha retractado y ahora asegura que se trataba de una broma para el Día de los Inocentes de Francia.

 

 

 

Aunque inicialmente negó haber organizado este tipo de recepción - prohibida - en su casa, Pierre-Jean Chalençon reconoció finalmente haber organizado "una velada promocional" y se retractó de sus declaraciones sobre la participación de los ministros.

Broma o no, no somos crédulos, sobre todo porque no se trata de un episodio aislado. En diferentes ciudades se han descubierto restaurantes clandestinos que acogían regularmente a senadores, magistrados, policías o incluso al primer teniente de alcalde de Marsella encargado de la sanidad por citar algunos ejemplos, ¡qué paradoja!   

Son muchos los franceses que, como en todas partes por desgracia, infringen las normas, y en todos los ámbitos sociales, pero la cuestión principal es: ¿se les trata de la misma manera o algunos se benefician de cierta indulgencia por parte de las autoridades? La respuesta es no, ya que mientras en los parques dónde se reúnen familias y/o amigos, se redactan multas en contra de los “sin techo” y los obreros atascados en el tráfico de las urbes, políticos y altas esferas de la sociedad gozan de total impunidad legal.  De hecho, hace unas semanas, unos policías que patrullaban vieron a unos clientes almorzando en la terraza de un restaurante, en este caso magistrados que se justificaron diciendo que tenían que comer. Tras este control, ningún magistrado fue multado, dijeron los responsables del Tribunal de Apelación de París en un comunicado.

Otra cuestión importante, ¿las consecuencias de más de un año de sacrificios y restricciones son iguales para todos? 

Entre las cuestiones más preocupantes reveladas y agravadas por la crisis está el aumento de la desigualdad mundial, que plantea múltiples interrogantes sobre cómo se distribuirá la riqueza en los próximos años. Sin embargo, los multimillonarios recuperaron su riqueza anterior a la pandemia en sólo nueve meses, mientras que los más pobres tardarán más de diez años en recuperarse de las consecuencias económicas del coronavirus.

La crisis ha afectado sobre todo a los hogares con bajos ingresos, que son los menos propensos a teletrabajar y los menos protegidos por los contratos de trabajo, pero sobretodo a los jóvenes y a las mujeres. También hemos oído hablar mucho del aumento de la capacidad de ahorro de los hogares europeos "gracias" a la crisis sanitaria. Sin embargo, si a finales de 2020 se ha producido un aumento del ahorro, se trata principalmente de un aumento del ahorro en los hogares más ricos, mientras que se produce un descenso en los hogares más pobres.

Aparte del punto de vista económico, el impacto psicológico es importante: aislamiento, sobre todo entre los estudiantes, un grado considerable de miedo, preocupación e inquietud entre las personas mayores, agotamiento y un aumento de la ansiedad y de los problemas psíquicos a raíz de la situación socio-sanitaria. Pero, parece que éstos sean problemas terrenales, que no están a la altura de nuestros representantes de la esfera política. 

No habrá que venir a quejarse de la desconfianza del pueblo hacia las altas esferas, porque efectivamente, "La sociedad se compone de dos grandes clases: los que tienen más cenas que apetito y los que tienen más apetito que cenas", una cita del poeta revolucionario Nicolas de Chamfort de 1803 que, sin duda sigue vigente en pleno 2021.

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