LOS BALCANES, EL POLVORÍN DE EUROPA

LA DELICADA SITUACIÓN ENTRE GRECIA Y TURQUÍA

Óscar Redondo Pascual | 28 Febrero 2021

En palabras del maestro René Ristelhueber (diplomático francés y experto en Oriente Medio, Lejano Oriente, Europa y África del Norte): “Los Balcanes, polvorín de Europa, se ha dicho a menudo: pero, ¿no es la misma Europa quien ha colocado una gran parte de los explosivos?”

Antiguo Cuartel General del Ejército Yugoslavo. Fuente: Christopher Anderson

Los Balcanes siguen con su particular herida sociocultural abierta, 20 años después de la última guerra del continente europeo, una de las más temibles y crueles que el ser humano recuerda. Los rencores religiosos, el nacionalismo exacerbado y el olvido de la Europa occidental hacia estos países, la convierten en nuestro punto caliente.

La península balcánica, cuenta con una posición geoestratégica determinante en el mapa mundial, siendo la puerta de la conexión Occidente-Oriente y estar salpicada por aguas adriáticas, egeas, negras, jónicas y mediterráneas. Es esta posición tan ventajosa geográficamente hablando la que ha hecho que, tanto ayer como hoy, las grandes políticas expansionistas (el Imperio Otomano del siglo XIV o la Turquía neo-otomana de Erdoğan del siglo XXI) pongan sus ojos en esta región.

Históricamente, Los Balcanes han sido el escenario de numerosísimos conflictos armados, provocados por motivos de diversa índole, aunque podemos afirmar que los sociopolíticos y religiosos han sido los que más peso han tenido en el devenir de los acontecimientos.

Para situar el origen de la tensión greco-turca hay que echar la vista unos cuántos siglos atrás (bastará con arrancar a comienzos del siglo XIV) y conocer el ferviente ímpetu del, por aquel entonces, poderoso Imperio Otomano, en conquistar toda la zona balcánica.

Finalmente y tras varios siglos de incursiones y enfrentamientos, el propósito de éstos se cumplió y el Imperio Otomano dominó la península balcánica, un complicado puzle de culturas, etnias y religiones (aspecto que se mantiene en la actualidad). Desde los católicos  (por influencia de Austria y, más tarde Austria-Hungría), pasando por los ortodoxos (de influencia bizantina en el sur) hasta los musulmanes (de influencia otomana), sin dejar de lado las propias creencias de los pueblos primigenios de la región (eslavos del sur)

El yugo turco sobre la población helena duró cientos de años y en la actualidad la política expansionista y las nuevas corrientes políticas neo-otomanistas de  Recep Tayyip Erdoğan hacen peligrar la estabilidad y, en cierta manera la libertad de los pueblos situados en zonas geoestratégicas, tales como las zonas de los hidrocaraburos helenos del Egeo (Chipre, Rodas, Creta, Kastellorizo…)

El siglo XIX se presentó como el ideal para llevar a cabo los procesos de independencia en el este europeo, tras la llegada de las influencias del nuevo orden liberal de la Europa occidental. Nuestra protagonista, Grecia, fue la primera en conseguir su independencia en 1830, siendo el ejemplo de muchas otras que estarían por venir.

La independencia no significaría el fin de la conflictividad de la zona, ya que a principios del siglo XX y sirviendo de antesala de la Primera Guerra Mundial, estallaron las Guerras Balcánicas, aquellas que enfrentaron a la Liga Balcánica de Grecia, Serbia, Bulgaria y Montenegro contra el Imperio Otomano y, posteriormente a los mismos componentes de la liga entre sí.

La participación de nuestros protagonistas (Grecia y el Imperio Otomano) en la Primera Guerra Mundial tuvo como consecuencia que la tensión entre ambos creciera de manera exponencial, sobre todo al final de la misma, cuando Grecia comenzó la recuperación de sus territorios históricos en manos del decadente Imperio Otomano. Estalló entonces, la Guerra Greco-Turca (1919-1922), que acabó con la derrota helena a manos del ejército turco y una masacre humana (como es el caso del genocidio, no reconocido por la ONU, de los griegos pónticos) en la zona de Anatolia.

Tras la liberación de la invasión de la Alemania nazi, en Grecia estallaría la Guerra Civil Griega (considerada como el primer conflicto de la Guerra Fría) que enfrentó a las potencias conservadoras y las facciones comunistas griegas, quiénes acabarían siendo derrotados. La inestabilidad en la zona continuaría hasta bien entrado el siglo XXI, momento en el que Grecia sufrió una de las crisis económicas más duras del siglo XXI entre los años 2008 y 2015.

 

 

Convoy turco protegiendo al buque de investigación Oruç Reis en aguas del Egeo, la tensión se palpa en pleno 2021.Fuente: Diario Público

La tensión entre Turquía y Grecia y, por consiguiente entre Turquía y la Unión Europea, nos hace ver la situación como el posible prolegómeno para el inicio de un conflicto internacional, que quizás pueda resolverse con un buen plan de medidas políticas internacionales en ambos bandos y con una jugada diplomática digna de la sociedad democrática del siglo XXI.

La política expansionista y de presión militar del actual gobierno turco están poniendo en jaque a las zonas helenas y chipriotas. La política neo-otomanista ya se puso de manifiesto allá por 1974, cuando Turquía invadió el norte de Chipre y declaró la República Turca del Norte de Chipre, territorio que actualmente se ve privado de su libertad y mantiene al país dividido sociopolíticamente, si bien es cierto el reconocimiento de dicha república solo ha sido efectivo por parte de la propia Turquía.

El expansionismo e intervencionismo militar del gobierno de Erdoğan han quedado reflejados en el envío de tropas a Libia, Siria, Irak, Qatar, Somalia y Afganistán, pero no podemos dejar de lado la presión militar marítima que está llevando a cabo en la actualidad en las zonas del mediterráneo oriental en contra de Grecia y Chipre. La lucha por la Zona Económica Exclusiva en aguas mediterráneas (zonas de gran riqueza en hidrocarburos) está tensando hasta límites insospechados la cuerda que une a la Unión Europea con Turquía (que ya de por sí estaba tensa con las constantes revisiones de su entrada en la misma)

 

 

Daños laterales en el buque turco Kemal Reis. Fuente: ArmyNow.net

No se tratan de confabulaciones conspiracioncitas, ya que el pasado julio de 2020, la comunidad helena, y el mundo en general, estuvimos a punto de presenciar un enfrentamiento militar entre Turquía y Grecia, debido al movimiento de tropas marítimas turcas en aguas cercanas a las islas griegas. ¿Tendrá algo que ver la búsqueda del tan preciado gas natural? Fuere lo que fuere, entre mascarillas y distancia social en las terrazas de las capitales europeas, muy poco pudimos conocer de este tan crucial movimiento, que llegó incluso a materializarse en el choque entre el buque heleno Limnos y el turco Kemal Reis, resultando este último dañado, pero sin bajas humanas. Durante estas maniobras militares de extrema tensión, Francia envió barcos de guerra para apoyar a Atenas, desde el gobierno de Ankara respondieron a dichos movimientos con una serie de maniobras militares de entrenamiento con barcos de guerra turcos y un destructor estadounidense, según declaró el gobierno turco.

No hablamos de hechos aislados por una”riña” por los hidrocarburos, a las que tan habituados estamos en los últimos años, sino que los hechos fueron más allá, ya que un mes después de este suceso, el gobierno turco acusó a Grecia de haber disparado en repetidas ocasiones contra una barca turca, hiriendo a tres pasajeros. Los hechos habrían ocurrido en plena madrugada, cerca de las costas de la isla de Rodas en aguas territoriales griegas, en las que se encontraba dicho barco turco con el objetivo de seguir su particular carrera de prospecciones de fuentes de hidrocarburos.

A pesar de que la UE ha mostrado su apoyo al pueblo griego y chipriota, dichos apoyos no se han materializado efectivamente, exceptuando el envío de barcos militares franceses (los cuales se han interesado sobremanera en este conflicto), ni las continuas advertencias al gobierno turco han hecho que retrocedan tal y como afirmaba el pasado verano el Ministro de Exteriores turco Mevlüt Çavusoglu "Ankara defenderá los derechos de Turquía y de los turcochipriotas en el Mediterráneo oriental sin hacer concesiones".

Mientras tanto el buque turco Oruç Reis sigue realizando sus expediciones de prospección en busca de hidrocarburos alrededor de las costas de Creta, Rodas y Chipre ante la atenta mirada de las fuerzas militares griegas, que incuso vieron canceladas sus vacaciones de verano, al ser declarado el estado de alarma militar durante unas jornadas tras estos incidentes.

Erdogan sigue empeñado en presionar al pueblo heleno, sobre todo en la isla de Kastellorizo, uno de los puntos más calientes del globo en la actualidad (a pocos kilómetros de la Turquía continental, pero a más de 500 kilómetros de la Grecia continental), incluso se ha llegado a plantear revocar los históricos Tratados de Lausanne (1923) y el de París (1947).

Incluso el primer ministro heleno, Kyriakos Mitssotakis ha reconocido en uno de sus discursos televisados que las probabilidades de un enfrentamiento militar con Turquía son cada vez mayores. “El riesgo de un accidente acecha cuando tantas fuerzas navales se reúnen en un área tan pequeña. La responsabilidad, en tal caso, será de quien provoca esta situación” o “Grecia no sucumbirá a las amenazas ni al chantaje. Ni tampoco tolerará acciones provocadoras” fueron algunas de sus declaraciones, además de brindar el agradecimiento al Presidente de la República Francesa, Emmanuel Macron, por su ferviente apoyo y defensa de de los valores europeos.  

 

El presidente de Francia,  Emmanuel Macron (Derecha) y el primer ministro de Grecia, Kyriakos Mitsotakis, en la cumbre de la Unión Europea (UE) en octubre de 2020. Fuente: Atalayar

Aquí entra en juego, el rol desgarrador de las potencias occidentales. Muchos han visto esta posible amenaza como una oportunidad de oro, para conseguir influencias “coloniales”, que tanto añoran algunos países como Francia, aunque en términos modernos la palabra colonialismo no sea bien vista y allá sido necesario reemplazarla por “defensa socioeconómica de Europa”. Aunque el gas natural y el petróleo de la zona, sea en efecto, la principal razón de peso para que estos y aquellos países se interesen por la zona (“nada nuevo en el frente”)

 

 

La conflictividad social, política y cultural en esta zona de Los Balcanes, no acaba aquí, sino que Grecia ha sido uno de los escenarios principales del auge del neofascismo y el neo nacionalsocialismo europeo.  ¿Qué pasó con Amanecer Dorado? Será otra de nuestras líneas de investigación futuras, ya que no podemos olvidar ni perdonar ninguno de sus actos de odio, racismo y violencia, sobre todo, no podemos abogar al olvido el asesinato del rapero Pavlos Fyssas en 2013. Desde la fundación de este partido en 1985 hasta su disolución, apenas unos meses atrás (octubre de 2020), se han encargado de sembrar el odio racial y político en el país heleno.

 

Mientras, la mayoría de medios europeos se han encargado de blanquear sus prácticas y tratarlos como organizaciones radicales emparejadas al fútbol, enfrentamientos de bandas enemigas y, en general, como se ha nos ha planteado siempre “cosas de jóvenes, cabezas locas”, cuando no podemos olvidar que este partido ha tenido representación política legal en un estado de derecho democrático.

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