Alex Arrate | 27 Abril 2021

Para ponernos en contexto sobre la temática del articulo, debemos conocer lo siguiente.

Jair Bolsonaro ganó las elecciones en octubre de 2018 y de su mano la extrema derecha accedió al poder en Brasil. Logró la victoria debido a la mella que hicieron en la izquierda los casos de corrupción (unos ciertos, otros creados mediante montajes judiciales) entre otros motivos. 

 

Jair Bolsonaro tomó posesión del cargo de presidente de Brasil el 1 de enero del 2019, tras ganar las elecciones de octubre del 2018. Al candidato de extrema derecha se le presentaba la oportunidad de cumplir con las promesas realizadas durante su campaña electoral, marcada por las acusaciones y condenas por corrupción contra Lula, el cual no pudo presentarse a esas elecciones al haber sido inhabilitado judicialmente. 

 

Líneas políticas del discurso de Bolsonaro

El polémico candidato, y después presidente, siguió durante la campaña electoral una línea argumental de extrema derecha que no dejó indiferente a nadie, siendo el principal argumento de Bolsonaro la necesidad de luchar contra la corrupción que representaba la izquierda brasileña y el Partido de los Trabajadores (PT) y su líder Lula en concreto.

Por otro lado, Bolsonaro denunció en numerosas ocasiones la escasez de seguridad que se vive en Brasil, ya sea por asaltos callejeros, barrios dominados por mafias locales o por las ocupaciones de tierras que llevan a cabo campesinos empobrecidos en los sectores agrarios del país. Para combatir esta situación, Bolsonaro argumentó que era de absoluto apremio la liberalización de la tenencia de armas por los particulares para poder así defender legítimamente tanto sus vidas, su integridad física o sus propiedades.

 

Además, sostuvo que los fallecimientos provocados por la policía durante el servicio jamás podían ser considerados delitos y que debían ser protegidos legalmente. A su vez, propuso rebajar la edad de ingreso en prisión de los 18 a los 16 años y calificar como delito de terrorismo las protestas de sindicatos agrarios si se llevan a cabo en terrenos privados, lo que podría conllevar una pena de hasta 30 años de cárcel. 

Por lo que a la economía se refiere, el actual presidente brasileño aboga por una liberalización de la economía nacional, un acercamiento a las potencias occidentales (en especial a EEUU) y la reducción del déficit nacional, lo cual llevaría a cabo a base de la privatización de los servicios públicos estatales. A su vez, prometió la creación de empleo juvenil y la lucha contra la crisis económica mediante una reducción significativa de la burocracia, facilitando así la liberalización de la economía nacional y el crecimiento del número de emprendedores.

 

Para apoyar la inversión extranjera y nacional, proponía una relajación de las medidas fiscales que, en su opinión, ayudaría a crear empleo.

Una de las más polémicas y peligrosas propuestas de Bolsonaro fue la de abandonar el Pacto de París mediante el cual se trata de hacer frente al cambio climático. Es importante recordar que el 65% de la selva del Amazonas está en Brasil y que desde 1970 ha sufrido una deforestación de alrededor de 1.000.000 km², lo que vendría a ser el equivalente a dos veces la superficie de España. Desde un inicio Bolsonaro ha apoyado a las grandes empresas deforestadoras y eléctricas que no conciben la protección del Medio Ambiente y que anteponen sus objetivos económicos sin importar el deterioro del denominado Pulmón del Planeta.

Respecto a la educación, el mandatario brasileño no se alejó de su línea polémica y convirtió el tema de discusión acerca del modelo educacional brasileño en uno de los ejes de su campaña. El capitán retirado mostró una y otra vez su inclinación hacia la militarización de la educación brasileña mediante la creación de un colegio militar en cada capital y mediante el rechazo de la educación sexual en los colegios para evitar así el “adoctrinamiento de los jóvenes”, prohibiendo la enseñanza de igualdad sexual, homosexual, transexual, feminismo y de raza.

El carácter profundamente católico con el que marcó su campaña se basó en la idealización de la fe cristiana y la necesidad de aplicarla en el día a día de cada habitante del país, criminalizando así a sectores muy poco protegidos de la sociedad brasileña como los transexuales y homosexuales brasileños. Abogaba por volver a los valores cristianos que habían regido los hogares brasileños y llegó a afirmar que los no cristianos no deberían participar en la vida política del país.

 

 

 

Motivos del auge y llegada al poder de Bolsonaro

La línea argumental de Bolsonaro, previamente analizada, se enfocaba en lograr la atracción hacia su causa de los sectores más descontentos tanto con la situación que existía en ese momento en la sociedad brasileña como con aquellos que culpaban al PT y a Lula de dicha situación y que a la vez estaban descontentos con la tradicional oposición a la izquierda.

En el año 2017, un año antes de que Bolsonaro venciese en las elecciones generales, se registraron 63.880 asesinatos en Brasil, lo que supuso una cifra récord. Este ascenso de la delincuencia aportó a Bolsonaro una gran cantidad de votos, apoyo que él correspondió con la promesa de liberalizar el acceso a las armas y la bajada de la edad para ingresar en prisión a los 16 años. La sociedad brasileña, atemorizada por el aumento de la delincuencia, apoyó masivamente al actual presidente, convirtiéndose en uno de los cinco pilares del auge de Bolsonaro y su posterior llegada al poder.

El segundo pilar del auge de la extrema derecha en Brasil se basaba en el sector compuesto por aquellos que se encontraban descontentos con la izquierda brasileña, el PT, Lula y sus sucesores. Cuando el PT con Lula al frente llegó al poder en 2003, el país experimentó un crecimiento económico exponencial (llegando a ser parte de los BRICS) y la desigualdad social y la pobreza se desplomaron a niveles nunca antes conocidos. Pero ese buen rumbo se comenzó a truncar con la aparición de la crisis, la cual frenó el crecimiento económico de la nación carioca. Además, comenzaron a aparecer casos de corrupción de miembros del PT que llegaron a salpicar a las altas esferas del mismo. Se llegó incluso a condenar a Lula por corrupción (condena que en 2021 se demostraría fraudulenta y por lo tanto nula). Dicha condena supuso el desplome del PT en las elecciones de 2018 y el apoyo masivo a Bolsonaro de los descontentos con la izquierda.

El tercer pilar sobre el que se asentó el ascenso de Bolsonaro fue el apoyo de los empresarios y de los grandes latifundistas agrícolas. Mientras que los grandes empresarios veían en Bolsonaro al candidato perfecto para que la liberalización de la economía se llevase a cabo y que el Estado interviniera en una menor medida en los asuntos económicos y comerciales, los grandes latifundistas depositaban sus esperanzas en que Bolsonaro les protegería ante las protestas de los campesinos desahuciados, de los sindicatos de jornaleros que pedían un salario digno, de las comunidades indígenas que reclamaban su espacio y de las organizaciones medioambientales cuyo objetivo es la protección del Amazonas.

 

Es aquí donde encajan perfectamente las líneas argumentales del programa político de Bolsonaro que, entre otras medidas, prometía la liberalización económica, una menor intervención del Estado y la protección de los grandes latifundios y de sus propiedades privadas llegando incluso a querer calificar de terrorismo las protestas sindicales de campesinos que se llevasen a cabo en propiedades privadas (las cuales pertenecen en su totalidad a esos grandes latifundistas).

El cuarto y último pilar de apoyo de Bolsonaro residía en la comunidad cristiana de Brasil. El actual presidente contó con el apoyo de los católicos y de los evangelistas, los cuales conforman un numeroso porcentaje de la población brasileña. El guiño de Bolsonaro a esta comunidad se hace más que evidente en sus innumerables menciones a Dios y a la tarea que éste le encomendó de redirigir a Brasil por la senda de los valores cristianos. Haciendo honor a dichos valores, Bolsonaro prometió acabar con la educación “sexualizadora de los niños” haciendo referencia a la educación que éstos reciben sobre feminismo, violencia de género y el respeto por los homosexuales y transexuales. 

 

Situación actual

Hoy en día, casi dos años y medio después de su toma de posesión, la situación en la que se encuentra el mandatario brasileño ha cambiado drásticamente.

La crisis sanitaria que estalló a causa del Covid-19 ha pasado una factura extremadamente alta tanto al presidente brasileño como al conjunto de la sociedad carioca. Brasil ha contabilizado más de 13 millones de contagiados, 360.000 muertos en total y una última racha de 4000 muertos al día. Brasil registra las peores cifras por el Covid en todo el mundo, solo superado por EEUU al que es probable que pronto dé alcance. 

La nefasta gestión de Bolsonaro y su actitud negacionista ha echado por tierra gran parte de los apoyos que lo llevaron a la presidencia en 2018 y la pérdida del apoyo popular se materializa en que el 44% de los brasileños le culpa de la crisis sanitaria y que Lula (tras haberse demostrado la irregularidad de las condenas por corrupción que lo inhabilitaron y llevaron a prisión), le supera en los sondeos.

Pero Bolsonaro no ha perdido únicamente apoyo en la población, sino que también lo ha sufrido en sus estructuras internas, dándose así una debilidad estructural en el Gobierno brasileño. Bolsonaro ha tenido que nombrar a tres jefes de policía en un año y a cuatro ministros de Sanidad en lo que llevamos de pandemia, además, ha perdido a seis ministros entre renuncias y ceses. Ya no cuenta con el apoyo incondicional del ejército, que ha sufrido la destitución de la cúpula militar, que no veía con buenos ojos la idealización extrema del golpe militar y la posterior dictadura de 1964-1985 por parte de Bolsonaro y su familia. Por su parte, el ejército ha criticado las escasas medidas de seguridad frente al Covid ya que en los cuarteles viven en grupo y han tenido que aplicar medidas por su cuenta.

Por si todo esto fuese poco, han aparecido indicios de corrupción que han salpicado a su hijo y lo conectan con un presunto préstamo irregular de un dinero para comprar una casa de 1 millón de dólares en uno de los barrios más exclusivos de Brasilia.