Alberto del Barrio | 27 Abril 2021

Si algo nos ha demostrado la historia es que, cuando la estructura del sistema entra en crisis, se refuerzan las ideologías que buscan cambiarlo. La crisis que significó la Primera Guerra Mundial demostró al mundo cómo un estado monárquico, la Rusia Zarista, podía pasar directamente a ser controlado por las clases trabajadoras sin necesidad de una democracia liberal burguesa como paso intermedio, contraviniendo gran parte de las tesis marxistas predominantes hasta el momento.

 

Sin embargo, para el gran Crack del 29 las altas esferas de poder habían aprendido la lección promoviendo movimientos reaccionarios que opacaran las posibilidades verdaderamente revolucionarias. Surgieron entonces los grandes movimientos totalitarios, la Italia fascista de Mussolini, el régimen nacional “socialista” de Hitler, o, incluso, la Unión Soviética de Stalin, que bien significó también un retroceso democrático dentro de la URSS promovido por la reacción de la élite burocrática soviética.

En este punto no nos podemos olvidar de nuestro amado generalísimo quién, si bien alguna historiografía nostálgica todavía opta por considerarlo como un régimen nacional católico, algo muy “español”, fue desde sus inicios fascismo. Franco habría ofrecido el testículo del que aún disponía por que hubiesen aceptado sus propuestas para entrar en la Segunda Guerra Mundial del lado del Eje, como demuestra Ángel Viñas en su libro SOBORNOS, si bien las mismas potencias que secundaron desde el principio su golpe de estado optaron por despreciarlo por insignificante. 

No obstante, tras este brevísimo repaso, lo que nos ha traído a coalición en esta ocasión es el avance de los movimientos reaccionarios en la actualidad. La crisis económica del 2008 abrió una vez más una profunda brecha en la sociedad y en la confianza que las clases trabajadoras depositan en el sistema neoliberal desmedido en el que nos encontramos. Un informe de Oxfam, publicado previamente al comienzo del Foro Económico Mundial del 2020 en Davos (Suiza), nos dejaba como titular que el 1% de población más rica del mundo posee más del doble de la riqueza que el resto de la humanidad. ¡Y eso que aún no se había cuantificado el aumento de las desigualdades producidas con motivo de la crisis provocada por la actual pandemia! 

Ante esta dramática situación, en todos los puntos del globo prosperaron en popularidad ideologías progresistas y revolucionarias. Sin embargo, y como era de esperar, el sistema no permanece estático, se defiende, y los movimientos reaccionarios, una vez más, volvieron a hacerse notar. 

Los movimientos reaccionarios a nivel global.

En este contexto, nuestro compañero Óscar Redondo, en su artículo Ultraderecha, neofascismo y ultranacionalismo en la zona Balcánica. “Ayer, como hoy”, nos mostró, entre otras cosas, uno de los casos más paradigmáticos, el de Grecia. Tras la deriva socialista que tomó, en Grecia surgió y se extendió el movimiento Amanecer Dorado. Un partido de ideología nazi que cerca estuvo de tomar importantes cotas de poder en los distintos estamentos políticos griegos. Con el tiempo finalmente los tribunales han optado por ilegalizarlo alejando de Grecia la posibilidad de que se llegase a un punto de no retorno. ¿El motivo de la ilegalización? Sorpresa, eran nazis. 

De igual forma nuestra compañera Irene Miranzo, ha llevado a cabo una investigación sobre el Avance del fascismo en el cono sur de América Latina en la última década. Su creciente propagación con consignas xenófobas, homófobas y extremadamente violentas amenazan con desestabilizar un continente que, aún a día de hoy, continúa siendo en muchos países un faro que puede alumbrar a la izquierda mundial, como demostraron las revueltas de Chile o las recientes elecciones de Bolivia. 

Por su parte, Alex Arrate, se ha dedicado a investigar el paradigmático caso de Brasil. Este país ha sido, y continúa siendo, un ejemplo de libro de qué tácticas emplea la extrema derecha para llegar al poder y, cómo nos ha enseñado en su último artículo Auge de Bolsonaro, sus consecuencias. Uno de los primeros pasos fue la inhabilitación vía judicial del expresidente por el Partido de los Trabajadores, Lula da Silva. Una inhabilitación con pena de cárcel que, por cierto, se ha demostrado infundada en acusaciones falsas como han demostrado los últimos pronunciamientos judiciales sobre el caso (Un juez brasileño anula todas las condenas contra Lula y podría presentarse a las elecciones de 2022).

 

Dicha inhabilitación impidió a Lula presentarse a las elecciones brasileñas del año 2018 en el que salió victorioso Jair Bolsonaro. ¿Las consecuencias? Una de las más visibles es su inacción frente a la pandemia siendo en la actualidad, y con mucho, el segundo país más castigado de todo el mundo, tan sólo por detrás de los Estados Unidos. ¿Todo por salvar la economía no?

Por otro lado, en este especial queríamos aportar una visión algo más amplia sobre el significado de movimientos en esencia ultraconservadores o extremistas en otras zonas del mundo. Si bien, con toda precaución, nos pareció interesante el mostrar el caso del fundamentalismo islámico en el mundo árabe (Marta Ruiz y Lucía Gala). Su avance en los últimos años ha traído trágicos titulares con el aumento de atentados en occidente, si bien una abrumadora mayoría de sus acciones se llevan a cabo en países de África y Oriente Medio, añadiendo estos sucesos a la ya triste realidad de países en guerra como Siria o Libia.

 

En este sentido, hablamos de movimientos religiosos, que se aprovechan de la crisis de identidad surgida como consecuencia del avance de la globalización, así como de la desfavorable situación a la que el propio sistema empuja a estos países y, en especial, a sus sectores sociales más humildes. 

Por último, un caso más de fundamentalismo religioso, el de los grupos terroristas afines al budismo en Myanmar. Amparados en el nunca legítimo abrigo de la religión han llevado a cabo verdaderas atrocidades contra la minoría musulmana de los Rohinyás. Un genocidio amparado por el aparato gubernamental militar que surgió recientemente como consecuencia de un golpe de estado. Un golpe en esencia reaccionario que por el momento ha provocado cientos de muertos y que amenaza con precipitar al país en una guerra civil (Francisco García, Especial antifascismo Myanmar).

Con todo, hemos podido realizar una breve pasada sobre algunos de los movimientos reaccionarios y radicalismos que nuestro equipo de redacción ha considerado interesantes, tanto para realizar su investigación, como de cara al lector. Es interesante cómo todavía, en pleno siglo XXI, la principal motivación ideológica por la que se sigue matando es por la religión. La tradición religiosa, así como el fanatismo, en oposición a la expansión del laicismo y del desarrollo social, es el pilar sobre el que se siguen sosteniendo genocidios, atentados terroristas o discriminaciones raciales. Desde el Pacífico, pasando por Oriente Medio, hasta el propio Occidente o el Continente Americano. Porque sí, también se mata en nombre del cristianismo.

 

La exaltación de la religión y los valores cristianos por parte de mandatarios como Bolsonaro, o Donald Trump, han alentado la consecución, en el caso de Estados Unidos, de atentados terroristas supremacistas contra minorías étnicas y religiosas. Aunque lamentablemente pocos medios de comunicación hacen hincapié en su categoría de ataque terrorista prefiriendo tildarlos de “lobos solitarios” o dementes. 

¿Cómo definir estos movimientos?

La catalogación de los movimientos políticos aquí expuestos dentro de una terminología estricta es una tarea complicada. En algunos hablaríamos de ultra conservadurismo, extrema derecha, neoliberalismo exacerbado o, fascismo. Si bien es cierto que desde el fascismo de los años 20 en Italia las cosas han cambiado mucho, es un hecho que muchos de estos movimientos ideológicos en la cúpula, y a veces también en la base, pueden ser tildados de neofascistas. 

Para justificar esta última afirmación nos gustaría traer a debate algunos de los catorce síntomas para detectar lo que el intelectual Umberto Eco define como Ur-fascismo, o Fascismo Eterno. (Para una mayor profundidad de las tesis de Umberto Eco véase:

https://omegalfa.es/downloadfile.php?file=libros/ur-fascismo-o-fascismo-eterno.pdf)   




 






 

  • El culto a la tradición y, el consiguiente rechazo al modernismo.  (...)

  • Miedo a la diferencia que el fascismo trata de alentar, traduciéndose frecuentemente en racismo.

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  • Apelación a la clase media frustrada desesperanzadas por alguna crisis económica o humillación política. 

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  • Obsesión con una conspiración y la exageración de una amenaza enemiga.

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  • "El pacifismo es traficar con el enemigo" porque "la vida es una guerra permanente"; siempre debe haber un enemigo contra el que luchar.

  • Desprecio por los débiles. El elitismo es un aspecto usual de cualquier ideología reaccionaria. 

  • "Machismo", que exalta el difícil trabajo de la guerra permanente y el heroísmo en la esfera sexual.

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Y tal y cómo Umberto Eco acabó su charla en la Universidad de Columbia en 1995, a nosotros también nos gustaría acabar con el mismo poema de Franco Fortini:

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Morder el aire morder las piedras

Nuestra carne no es ya de hombres

 

Morder el aire morder las piedras

 

Nuestro corazón no es ya de hombres

 

Mas nosotros leímos los ojos de los muertos

 

Y en la tierra haremos la libertad 

 

Más apretaron los puños de los muertos

 

La justicia que se hará.